SE BUSCA MUSO

mayo 7, 2010

Todas las mañanas salía temprano, a pegar afiches en las calles, de esos que tienen papelitos que se desprenden y pueden tomar el número de teléfono de la persona que solicita u ofrece algún servicio; en este caso, ella solicitaba. El anuncio pregonaba en letras grandes y mayúsculas, SE BUSCA MUSO.

Demasiada excéntrica la idea, sobre todo viniendo de una pequeña mujer, muy delgada, de pelo blanco que calzaba alpargatas tejidas y extraños pantalones, holgados.  Las personas se acercaban a leer los afiches, pues no quedaba claro a qué se refería con: MUSO. En letras más pequeñas decía: sin remuneración económica, para trabajar con apasionada artista que necesita de sexo y amor prohibido para desarrollar sus obras. Requisitos: Ser soltero o pretender serlo o por lo menos estar disponible para experiencias amorosas y/o sexuales, no expresar su desinterés en el compromiso amoroso, beber caña, no gordo, indispensable: presentar examen V.D.R.L.. No enamorarse de la persona que lo solicita.

En su vida había tenido varios Musos, es decir, Musas, pero hombres, hombres que se internaban en su pensamiento onírico a rescatar todos aquellos mundos que ella luego plasmaba a través de textos, poemas, pinturas y algunos objetos.

Ella amó intensamente a varios de ellos, por supuesto fuera de su alcance personal, o mejor dicho, fuera del alcance que representa el compromiso como pareja. Durante mucho tiempo vivió  esperanzada de que su “brillantez” hiciera que el MUSO del momento se estableciera con ella, pero no, nunca pasó  y así lo comprendió tarde, pero le dio resultados.  Podía vivir en la soledad, sola, soltera; pero no sin su arte, por eso no podía vivir sin su MUSO.

No les pagaba, pues ya bastaba con todo el cariño y placer que ella ponía a su disposición, se desvivía por ellos, lloraba por ellos y cuando ocurría la desgracia; cuando la dejaban, ella moría, de amor y de inspiración. Luego tocaba reinventarse, depurarse, destilarse como el aceite de oliva, para salir a la caza del nuevo MUSO. Pero, a los sesenta años ya no era fácil, los últimos fueron casi niños que en busca de experiencias sexuales vendían su cuerpo y sus pensamientos vacios.

El MUSO perfecto es aquel que ella no puede tener, el que se ausenta por que ama a otra, el que vive a mil millas de distancia, el que tiene innumerables mujeres, el que vive en su cabeza desde que era adolescente, pero que no puede pintar, esculpir, describir, encontrar en la realidad.

Así que, cuando se dio cuenta de que le quedaba sólo el MUSO de su imaginación, el platónico, el ideal, se dedicó a desarrollar una de sus más importantes obras: SE BUSCA MUSO.

Cada afiche y cada papel desprendible era una pequeñísima parte de su obra, de la huella artística que dejaba en su mundo, en su pequeña ciudad incrustada en las montañas que antes eran heladas y llenas de MUSOS.

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